¿Se ha preguntado usted por qué su news feed (muro de actualizaciones) siempre muestra imágenes pulcras? Las redes sociales suelen mostrar siempre lo mismo: fotos de gatos, viajes, comidas, familia, amigos y si acaso protestas políticas. Facebook luce así de “limpio” por la siguiente razón: cualquier contenido que no se ajuste a sus términos y condiciones de uso es removido. 

La remoción de contenidos sucede de la siguiente manera: primero, un usuario reporta un contenido el cual considera inapropiado, según los términos y condiciones de servicios a la red social en cuestión. Luego, este reporte llega a los moderadores de contenido-pueden ser empleados de la compañía o contratistas (outsourcing)-, ellos verifican que en efecto no cumple con los estándares y lo remueven. O también existen algoritmos que detectan automáticamente contenido prohibido y lo remueven. Para dar un ejemplo, una de las pautas de Facebook consiste en no aceptar contenidos pornográficos en su red, entonces, puede que exista un algoritmo que detecte y elimine este tipo de contenido o si un moderador recibe un reporte de contenido pornográfico, este simplemente lo remueve de la plataforma.

Es entendible, por supuesto, que contenidos pornográficos sean censurados de inmediato. Pero el tema se torna más complejo cuando se trata moderar contenido de desnudos (los cuales tampoco  están permitidos en los términos y condiciones de estas compañías). Por ejemplo, Facebook ha retirado imágenes de indígenas que muestran su cuerpo con ropa tradicional. Tal fue el caso de la película  colombiana nominada al Oscar, El Abrazo de la Serpiente, y también el de una foto de los indígenas cariocas que fue publicada por el Ministerio de Cultura de Brasil. Esto resulta bastante paradójico cuando todos hemos visto cómo torsos desnudos y tangas apretadas hacen parte del repertorio diario de Facebook cuando millones de personas publican sus viajes a la playa. 

Sin embargo, no solo los grupos indígenas han sido objeto de censura. Las mujeres latinas también lo han sido.  Desafortunadamente la censura ha estado relacionada con temas referentes a la salud  y a la sexualidad femenina. Son conocidos casos como el de Florencia Raggi, en el que Instagram censuró su foto cuando aparecía mostrando uno de sus pechos mientras sostenía a su hijo recién nacido. También el de la periodista María Juliana Olivan quien fue censurada en su cuenta de Twitter por mostrar una foto donde amamantaba a su hijo. Otro caso de censura es la cuenta cancelada de Facebook de la escritora  Luna Miguel, al publicar la portada de su libro “El dedo. Breves apuntes sobre la masturbación femenina” pues la ilustración del título literario era sugestiva al placer femenino. Finalmente, siguiendo en la línea de la sexualidad femenina, Instagram dio de baja a la foto de la artista pakistaní Rupi Kaur, que se mostraba a sí misma acostada con una mancha de su periodo menstrual en su pijama.

Pero estos cuerpos no son los únicos que han sido censurados. Irónicamente, en Facebook México, también ha sido censurada la imagen del candidato presidencial estadounidense Donald Trump: La artista americana Illma Gore dibujó al candidato desnudo y con pene diminuto. Al publicar la foto de su pintura en la red social puso a propósito una barra negra que ocultaba los genitales del candidato, precisamente para evitar la censura de la red. Pero aun así, y sin explicación alguna la publicación de la artista fue censurada. Desde ese momento y en señal de protesta a la censura, Gore ha publicado su pintura en repetidas ocasiones. Cada una de las veces el contenido ha sido bajado de la red y Facebook ha suspendido su cuenta por tres días. 

En un mundo hiper-conectado como el de hoy, es evidente que las redes sociales como Facebook, Instagram y Twitter reciben información de todo tipo, y existe contenido que de acuerdo con el propósito de la red social debe ser removido como es el caso de la pornografía. Pero en cuanto a sus políticas de desnudos, los gigantes de Silicon Valley han restringido imágenes que claramente no tienen un sentido pornográfico, limitando así la libertad de expresión de los internautas (como el deseo a compartir temas como la maternidad, mensajes políticos o mensajes sobre la sexualidad). De esta manera están restringiendo automáticamente los derechos al acceso a la información, a la libertad de expresión y a la cultura. Recordemos que estos son derechos humanos contemplados en los diferentes Pactos de Naciones Unidas y también en la Convención Inter-Americana de Derechos Humanos, derechos de los que gozamos todos los latinoamericanos y que deben ser cumplidos a cabalidad por estos gigantes del Internet, que como empresas privadas también están sujetas al sistema de derechos humanos.

Todos estos episodios han generado polémica y cuestionamiento. Ante estas acusaciones estas empresas han defendido sus acciones bajo el entendido que sus usuarios son personas de distintas edades y distintas formaciones culturales y que tienen que velar para proteger la sensibilidad de todos sus usuarios.  Sin embargo, parece que este no es el mismo criterio a la hora de censurar temas de violencia. Por ejemplo, a pesar de que se encuentra prohibido por las normas comunitarias de Facebook, en distintos países latinoamericanos bandas criminales publican constantemente fotos de armas, ofreciendo servicios de drogas y sicariato. Además, Facebook Live y Periscope (plataforma de transmisión en vivo que hace parte de Twitter) han transmitido en vivo y en directo escenas violentas como suicidios y ataques terroristas, por ejemplo, la muerte de dos franceses que mueren acuchillados por un extremista musulmán mientras su hijo de tres años observa la escena.

Por suerte los usuarios no son actores pasivos. Es importante reconocer que a través de la campaña #Freethenipple se logró que Facebook adaptara sus estándares comunitarios en el 2014, aclarando que se permiten fotos de senos amamantando y senos operados por mastectomías. Resulta necesario que estas exigencias se transporten a otras redes sociales. También resulta fundamental que las redes sociales adopten estándares coherentes frente a la censura y no solo los convenientes a su bolsillo: ¿Qué sucede con el debate sobre la violencia? ¿Deberíamos permitir que muertes en vivo sean trasmitidas? ¿Es esto “apto” para una red social utilizada por miles de millones de menores de edad mientras que, según Facebook, contenidos relacionados con la salud femenina no lo son?

La censura es un tema difícil para estas redes cuyo objetivo es complacer al mayor número de personas para que éstas puedan ver las pautas publicitarias, pero si existe un contexto de salud o cultural no se justifica censurar el contenido. Al contrario, se está creando un efecto disuasivo hacia quienes quieren compartir este contenido y hacia la audiencia interesada en este mismo contenido: En ambos casos están siendo limitadas sus opciones al derecho a la información, a la cultura y al conocimiento como también el derecho a la libertad de expresión. La historia en Latinoamérica nos ha ensañado lo peligroso que puede ser la censura y las consecuencias de apagar algunas voces, no dejemos que esto ocurra en un medio tan valioso como lo es Internet.